En el Barça, actualmente en la enfermería tenemos a 8 jugadores: Ter Stegen, Gavi, Dani Olmo, Raphinha, Joan García, Lewandowski, Lamine Yamal y Fermín. Estos dos últimos con opciones reales de recibir el alta médica para el partido ante el Girona, por lo que quedarían 6 bajas.
Aunque Ferran Torres se ha añadido a la lista este viernes como una baja más en el equipo de Flick, por lo que son 7 los lesionados del Barça sin contar a Lamine y Fermín que se espera este sábado reciban el alta médica.
¿Sabéis cuántos lesionados teníamos la temporada pasada a estas alturas? 8. La temporada pasada a estas alturas teníamos lesionados: Ter Stegen, Bernal, Christensen, Ferran Torres, Araujo, Gavi, Dani Olmo y Fermín López. Y acababa de recibir el alta médica Frenkie de Jong a principio del mes de octubre.

La diferencia, por tanto, no está en el volumen, sino en quiénes faltan: en 25/26, las lesiones se concentran en nombres que condicionan de forma directa la producción ofensiva y el liderazgo en los últimos metros.
En positivo, Lamine Yamal y Fermín tienen opciones reales de alta para el partido ante el Girona, lo que recortaría la lista a seis bajas y devolvería al equipo profundidad por fuera y energía de segunda línea. La gestión de cargas y la coordinación entre trabajo interno y rutinas individuales fuera del club se vuelven determinantes para estabilizar el parte médico en el corto plazo.
LaLiga en el espejo: 21 vs 19 puntos y un liderato que se escapa
La fotografía de la tabla tras ocho jornadas también invita a un análisis con perspectiva. En 24/25, el equipo sumaba 21 puntos: no había empates y la única derrota fue aquel 4-2 en Pamplona. Pese al tropiezo, el Barça llegó líder a Osasuna y continuó siéndolo. En 25/26, la secuencia ha sido menos amable: el 4-1 contra el Sevilla supuso la pérdida del primer puesto, y el empate en Vallecas explica el descenso a 19 puntos. No es una caída dramática, pero sí evidencia un margen de mejora inmediato en los partidos con balón dominado y marcador apretado.
A ello se suma un diferencial en goles: el curso pasado, con un partido más, el equipo llevaba seis tantos a favor más y un gol encajado menos. La lectura es simple: faltan remates de alta probabilidad y sobra alguna concesión que antes se solventaba con más control de área propia.

El primer gol del partido Barça 24/25 vs 25/26: un patrón que persiste y condiciona
Si hay un rasgo que se repite y marca la narrativa del arranque es el primer gol del encuentro. En 25/26, el Barça comenzó perdiendo en 4 de los 10 primeros partidos (Levante, Oviedo, Real Sociedad y Sevilla). La respuesta fue notable en tres de ellos —remontadas—, pero la visita a Sevilla dejó un 4-1 que pesó en la clasificación y en el ánimo. Curiosamente, en 24/25 ocurrió lo mismo: también 4 de 10 partidos empezaron con desventaja (Valencia, Rayo, Osasuna y Mónaco), con remontadas en Mestalla y Vallecas y derrotas en Pamplona y Montecarlo.
La diferencia no es tanto la frecuencia del 0-1 como la gestión posterior y el perfil del rival cuando toca remar. Minimizar esa desventaja temprana —primer cuarto de hora más agresivo, presión coordinada y finalizaciones rápidas para marcar ritmo— es la palanca más directa para recuperar puntos sin depender de grandes cambios estructurales.
La comparación continental también ayuda a calibrar sensaciones. En 24/25, la derrota con uno menos ante el Mónaco se percibió más dolorosa que el 1-2 frente al PSG de esta temporada: el contexto competitivo explica la diferencia. A la inversa, en 25/26 el 1-2 en Newcastle tiene más mérito que el contundente 5-0 al Young Boys; ganar fuera en un escenario de máxima exigencia suele ser un mejor predictor de nivel que una goleada como local sin oposición de élite. El retrato europeo, por tanto, es matizado, pero no pesimista: hay capacidad para competir en plazas exigentes, aunque el equipo todavía busca consistencia en el intercambio de golpes contra gigantes.
Lo que viene: Girona inmediato y un Chelsea sin Cole Palmer en el horizonte
El calendario presenta dos referencias claras. A corto plazo, el Girona aparece como termómetro ideal para confirmar la recuperación de piezas (si Lamine y Fermín reciben el alta) y ajustar automatismos que reduzcan el riesgo de encajar primero. Más adelante, el 25 de noviembre asoma el Chelsea con una novedad importante: Cole Palmer será baja aproximadamente seis semanas por una lesión en la ingle, por lo que no llegará a ese duelo. La ausencia del inglés altera la brújula ofensiva londinense y, de rebote, condiciona la preparación del plan defensivo culé.
El contraste entre 24/25 y 25/26 no describe una ruptura, sino una desalineación fina en momentos críticos: quiénes están disponibles, cuándo llega el primer gol y qué se hace con la ventaja o la desventaja. Igualar la foto del curso pasado pasa por recuperar protagonismo ofensivo (más llegadas de calidad, mejor selección de tiro), cerrar el área propia con menos concesiones evitables y blindar los primeros 15 minutos para impedir que el rival marque el guion. Con el retorno escalonado de efectivos y una mejor gestión del inicio de los partidos, el equipo tiene tracción suficiente para corregir la pendiente de octubre y alinear sensaciones con las expectativas de un campeón vigente.


